miércoles, 25 de septiembre de 2019

BIRDWATCHING: EL ÚLTIMO ESFUERZO PARA VOLVER A CASA


Desde la zona más alta del Macizo del Garraf se puede divisar el mar cercano. Basta una mirada orientada al sur para divisarlo. Parece que de un simple salto se pueda llegar a alcanzar. Desde el Pla de les Basses el trasiego de aves que se dirigen hacia allá se hace constante.

Multitud de halcones abejeros, aguiluchos laguneros, cernícalos y varias especies más de rapaces vuelan tratando de superar los desniveles de la montaña, aprovechando las corrientes térmicas generadas en el amplio descampado del antiguo vertedero del Garraf. El lugar puede parecer inhóspito, más si cabe cuando el paisaje que lo rodea es un duro lapiaz calcáreo, intercalado de maquia mediterránea y escasos rodales de raquíticos pinos carrascos, que alcanza las cimas más altas del Rascler y la Morella, a 597 metros sobre el nivel del mar. Sin embargo, la importancia del lugar para la fauna es crucial.

En una estación de anillamiento podemos constatar detalles de la vida de multitud de aves pequeñas, cuyo devenir suele pasar desapercibido, sobre todo en una época otoñal de discreción y prisas. Protegidos del sol hemos establecido nuestra base junto al Coll de les Basses un grupo de naturalistas dispuestos a conocer mejor el fenómeno de la migración de las aves. Una jornada como la de hoy, en la que ha habido interesantes capturas para el anillamiento científico, como una pareja de reyezuelos listados que nos han permitido ilustrar la diferencia en el tono de la cresta entre machos y hembras, más anaranjada en ellos y más amarillenta en ellas. Currucas capirotadas y petirrojos, cuyo viaje no se alargará mucho más allá de la Península o como mucho hasta el norte africano. Bisbitas arbóreos y papamoscas cerrojillos, que alcanzarán las latitudes ecuatoriales para pasar el invierno. Todos ellos con sus reservas energéticas a pleno rendimiento.

Este es el inicio del gran salto para muchos de ellos, los que han nacido este año y siguen a sus progenitores, más experimentados en este viaje. Un salto que se inicia aquí, en las cimas de Garraf, última tierra firme, quizás, que tocarán antes de alcanzar el otro extremo del Mar Mediterráneo. Toca poner a punto el plumaje, nuevo tras la muda, un último baño en agua dulce, un último bocado. Rumbo al sur, cada especie a su manera. Hemos aprendido pequeños detalles de esta parte de la vida secreta de las aves. Cuando se mira al mar desde el Pla de les Basses le queda a uno una sensación de desasosiego.

Los vemos alejarse, quizás regresen el próximo año.

RAFAEL GONZALEZ DE LUCAS

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miércoles, 18 de septiembre de 2019

CÁCERES: LA BERREA EN MONFRAGÜE



Vídeo de la Berrea del ciervo en el parque nacional de Monfragüe

Es difícil de saber que es exactamente lo que activa la berrea del ciervo. Con toda seguridad es una combinación de factores,  pero lo cierto es que los machos poderosos se han ido separando a finales del verano de los grupos en los que se integran  han ido ocupando parcelas en las que acogerán a su harén.  Han limpiado sus cuernas de los restos de correal y las  velan en las vísperas del gran torneo.

Las esperadas lluvias de septiembre parecen desencadenarlo todo en la dehesa infinita del Parque Nacional de Monfragüe y los crepúsculos se llenan de la indiscreta declaración de amor de los ciervos ibéricos. El calendario reproductor del ciervo se reinicia desde cero, con los bramidos,  combates, cúpulas y persecuciones.

El espectáculo es tanto sonoro como visual y como otros  eventos biológicos que marcan la entrada del otoño en nuestros bosques mediterráneos, como la llegada de ánsares y grullas o la ronca del gamo, el celo del ciervo ha de estar señalado en rojo en la agenda del amante de la naturaleza. 

Este vídeo fue grabado en el corazón del  Parque Nacional de Monfragüe. El parque  se sitúa en el suroeste de la Península  Ibérica, en la provincia de Cáceres. Declarado Reserva de la Biosfera en
2003 y Parque Nacional en 2007, comprende una superficie de 17.852  hectareas entre la confluencia de los ríos Tajo y Tiétar. Dentro de su  territorio se distingue una amplia variedad de biotipos: el bosque y  matorral mediterráneo, las dehesas, los roquedos y los humedales.

Tras la época de celo, los machos abandonan normalmente la manada conquistada. Para febrero, todos los individuos han perdido ya sus cuernos y procederan en los meses siguientes a renovarlos. Las hembras preñadas durante el otoño paren un cervatillo al comienzo del verano tras 8 meses de gestación.

Monfragüe nunca defrauda. Es una tierra llena de grandes valores faunísticos en la que una vez al año se produce uno de los fenómenos más espectaculares de la naturaleza. 

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