domingo, 31 de marzo de 2019

MELONCILLO: EL CAZADOR CAZADO



Bajo el matorral mediterráneo un carnívoro de aspecto peculiar se desplaza trotando ruidosamente. En pequeños grupos familiares y con todos los individuos unidos en una hilera cruzan los caminos como una exhalación. Sus cuerpos y cola alargados y unas patas cortas les hacen parecer un solo animal que se desplaza pegado al suelo cual gigante y extraño ofidio peludo. 

El desconocimiento e imaginación popular entre la gentes de las zonas rurales en las que habita ha derivado en infinidad de leyendas o mitos; desde ataques a ovejas o recentales de ganado doméstico a la pavorosa imagen de la gigantesca serpiente peluda. que han acabado por crearle muy mala fama a la única especie de mangosta que se puede ver en la península Ibérica. 

En las imágenes de nuestras cámaras trampa, el pequeño y poco conocido carnívoro muestra su fascinante aspecto y comportamiento. 

De hábitos básicamente diurnos, está distribuido principalmente por el suroeste peninsular, sur de Portugal, Extremadura y Andalucía occidental. Su alimentación se basa principalmente en pequeños gazapos que consigue cazar excavando en sus madrigueras ayudándose de sus potentes garras, así como infinidad de reptiles y anfibios, entre ellos nuestras víboras o grandes culebras, micromamíferos e invertebrados y carroñas. Pareciendo ya una especie común en zonas del centro peninsular y habiéndose empezado a citar en los últimos años en provincias como Zamora o Valladolid, la mangosta común o meloncillo, (del latïn Meles), parece mostrar una tímida aunque regular expansión hacia el norte.

Esta primavera salimos al parque natural de Doñana, al territorio del lince a un taller donde incidiremos sobre todos los mamíferos del bosque mediterráneo, entre ellos el Meloncillo.

MANUEL SOSA

sábado, 16 de marzo de 2019

LA ÉPICA DEL AVIÓN COMÚN EN SU VIAJE A LA PENÍNSULA


Para una avecilla que pesa de 15 a 25 gr. realizar dos viajes anuales de unos 6000 km es una proeza extraordinaria, pero si además han de cruzar de norte a sur y de sur a norte un espacio tan extenso y mortífero como es el desierto del Sahara, su odisea queda absolutamente teñida por la épica. Y en eso está el protagonista de nuestro pequeño relato, un avión común que regresa a su territorio de cría, probablemente a la colonia donde nació en un pueblo de la costa mediterránea.

Ha pasado el invierno en el África subsahariana, cuyos hábitats aún son tan acogedores que permiten la invernada de 220 millones de golondrinas procedentes del hemisferio norte. Un día, después de agotadoras etapas de 200 o 300 km el avión llega a la plaza del pueblo donde radica la colonia de estos hirundínidos. Las decenas de nidos se distribuyen en las fachadas de los viejos edificios que rodean la plaza, mucho más hospitalarios que las construcciones modernas que ofrecen menos posibilidades a la fauna que ha escogido las poblaciones humanas como hábitat. Si nuestra golondrina es un macho veterano revisará varios de los nidos de la colonia, quizá incluso el que utilizó con su pareja para la cría del año anterior. Normalmente, cuando se decida, se hará fuerte en uno de ellos convirtiéndolo en un territorio de unos pocos centímetros cuadrados que defenderá de sus congéneres. Si, en cambio, es un macho primerizo, construirá uno en algún espacio libre.

Sin embargo, este año ha ocurrido algo en una de las fachadas. Un serio disturbio que puede llevar al traste la cría de una buena parte de las parejas de la plaza.

El conflicto entre humanos y el resto de especies animales es sin duda el gran problema a resolver si queremos conservar la biodiversidad en nuestro planeta. Parece que los sapiens hemos sido una especie incómoda en el vecindario desde que salimos de África, ya que los paleontólogos van desenterrando pruebas que nos involucran en la desaparición de muchas de las especies que nos fuimos encontrando en nuestra expansión migratoria por el mundo, incluyendo otras especies humanas. Sin embargo, nuestro actual desarrollo poblacional, cultural y tecnológico ha hecho que el conflicto se acentúe y se multiplique en un sinfín de ramificaciones que amenazan a la fauna a nivel mundial.

En nuestras expediciones, a poco que nos paremos a observar, somos testigos de ese conflicto. El lobo y los ganaderos. Los elefantes y los cultivos. Rinocerontes masacrados por la medicina (superchería) tradicional china…La lista es interminable.

La megafauna, llamativa y espectacular suele protagonizar los casos más mediáticos, pero existen otros soterrados, que nos pasan muy desapercibidos por cotidianos y porque afectan a especies más discretas.

Retomando nuestra historia (que como iremos viendo está absolutamente basada en hechos reales), retrocedemos unos meses en el tiempo a la plaza del pueblo, hasta el otoño anterior a la vuelta de los aviones a su colonia. Mientras las aves migratorias han abandonado la península Ibérica en su viaje postnupcial hacia sus cuarteles en el África tropical, el propietario de uno de los edificios del sitio ha decidido restaurar la fachada. Subvencionado y tutelado por la administración, puesto que la fachada es histórica y mantiene elementos arquitectónicos protegidos. Durante las obras, los operarios destruyen unos sesenta nidos de avión común de la subcolonia ubicada en la cornisa con contrateja ornamental situada justo debajo del alero. Detectado el destrozo por parte de los servicios de vigilancia urbanística se le comunica al propietario la obligación de colocar un número de nidales artificiales antes de que las golondrinas comiencen a aparecer de nuevo.

Sólo os diré que esto dio comienzo a un tira y afloja entre el propietario, que se denomina a sí mismo como un “defensor de las golondrinas” y que desvela el verdadero motivo de la destrucción de los nidos: las manchas que producen los excrementos de estas aves en su flamante fachada restaurada.

Nidales en menor número del exigido por los técnicos de las administraciones competentes, hierros puestos en la contrateja para evitar que la mayoría de parejas anidasen ahí…Mientras tanto los aviones comunes volvieron. Algunas parejas aceptaron los nidos artificiales (siempre con ligeros retoques como cerrar más el orificio de entrada con pellas de barro) y otras, sorprendentemente, construyeron su nido desafiando los haces de hierros en punta e integrándolos en su estructura de barro.

El asunto acabó en los tribunales con el propietario “defensor de las golondrinas” enfrentándose a un presunto delito contra la fauna protegida. Finalmente, acabada la accidentada temporada de cría y con los aviones de vuelta a sus lejanos refugios africanos, los hierros fueron retirados y los nidales exigidos completados.

En pocas semanas, las golondrinas estarán otra vez allí. Y volverán a criar a sus dos polladas anuales en un biotopo urbano que hace muchas generaciones estas aves escogieron para substituir los precipicios naturales originarios.

Tenemos un calendario de salidas de naturaleza por si quieres acompañarnos en este enlace.

JOSÉ CARLOS DE LA FUENTE